viernes, 12 de octubre de 2007

LA VIDA DE JAVIER


De ciber en ciber, el eterno éxodo de los que carecemos de banda ancha, wifi o un teléfono para conectarse a internet.

En uno de aquellos lugares irrumpe la historia de Javier. Sin querer queriendo entro a su mail y me entero de su vida. De pronto sé que está cesante y que ha enviado varios currículums. Que intenta parecer confiado ante su hermano, Gustavo, que vive en Rancagua. Antes era ejecutivo de un banco. Percibo su desesperación. Imagino que no quiere delatarse ante su familia y por eso envía unas líneas diciendo “Tengo dos pegas casi seguras, me van a responder en estos días”. Lo cierto, es que hubo una respuesta negativa y por lo que dice a un amigo en otro correo, esta bastante pesimista. Ansía un puesto como el anterior, donde ganaba un sueldo base de 200 mil pesos más comisiones.
Sin embargo, lo que más me llama la atención es su historia amorosa. Se conocieron por Internet y llevan meses escribiéndose. Su ciber amor no habla español, por eso cada mail viene escrito en ingles y luego traducido al español. Sus respuestas ensayan un ingles tarzanesco donde resaltan palabras esenciales (Love, kiss, Call me). Javier parece enamorado, cuenta que está harto de las distancias y que no quiere seguir viviendo con su madre ni con sus pequeños sobrinos, que al parecer hacen mucho ruido.
Me voy más atrás, recorro en minutos el último año de su vida y descubro que tuvo una adicción. Ahora ya está controlada, pero hay veces en que lo azota la angustia y la melancolía, como a todos, pienso.
En un momento tengo la impresión de que este sujeto es parte de mi imaginación, pero al momento caigo en cuenta que estoy equivocado, muy equivocado. Javier es real, camina por la calle, busca trabajo, tiene un romance por Internet y visita el mismo ciber cafe que yo. Siento que lo conozco aunque no nunca lo he visto o tal vez si, quizás nos hemos topado varias veces, tal vez está en la cabina de al lado escribiendo una carta bilingüe o recibiendo una oferta de trabajo. Después de cerrar su mail no me arrepiento, pero me invade la pregunta ¿qué impresión se llevaría alguien que abriera mi correo?