
Me gusta que la Nayareth este de cumpleaños. Me gusta que año tras año, a pesar de los pesares y a veces con esfuerzos titánicos nos reúna en torno a su mesa y nos obligue a conversar y reír. Me gusta, con los altos y bajos, con aburrimiento y delirio. Me gusta que por los últimos ocho años haya sido así. Con algunas caras nuevas y el novio de turno. Me gusta encontrarme en su casa y recordar siempre las mismas historias, comentar apurados las novedades y terminar como siempre burlándonos de algún desafortunado. Me gusta la simpleza de ese momento. Me gusta que sea una tradición, un ritual. Me gusta que ya sepamos cual es nuestro puesto a la hora de cantar el cumpleaños. Me gusta nuestra complicidad. Que más decir, me gustan los cumpleaños de la Nayareth.