
Mi amiga Carola no logra escaparse. Su despótico trabajo en la Tercera la obliga a esperar hasta el hastío en una tortura denominada “la noticia puede llegar en cualquier momento”. Hace dos horas que terminó su trabajo, pero la idea es alargar el horario laboral hasta que sienta ganas de auto mutilarse.
Mientras espero su señal en la terraza del canal -después de un monótono día en la corporación del angelito- se cruza frente a mí un trío de niños actores. Ellos son las próximas estrellas de la teleserie “vuelo”. Los dos más grandes caminan con decisión y arrogancia, el más pequeño salta divertido como si todo fuera un juego. A los tres se les nota conciente de su suerte, probablemente son la envidia de sus amigos y el orgullo de sus familiares, aunque aquí no pasen de ser púberes con más actitud que talento.
De pronto aparece el mentor de los muchachos, un actor que se hizo famoso por andar en monociclo en un teleserie de surfistas. Ahora las canas y los kilos de más le impiden ser el galán travieso de la televisión. Junto a él está el líder de los jóvenes, un muchacho que me parece haber visto en BKN, la inspiración de “Vuelo”. El es un consagrado y conciente su estatus, los reta: “Hasta que hora los esperamos. Ubíquense”, “Pero si ya terminamos” responden ellos. No.- interviene el profe. Hay que seguir grabando.” El más díscolo no lo mira, el pequeño se vuelve sumiso, intentando ser profesional. La escena la interrumpe mi celular, la Carola logró escaparse de los grilletes de su trabajo. Los niños estrella no corren la misma suerte.
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