
El Pub Capital fue el estrecho escenario, donde un centenar de aspirantes a periodistas en la fase de práctica nos reunimos a relajarnos, bailar, tomar y contarnos las grandes dificultades y los pequeños triunfos de este mes y medio como “periodistas de verdad”.
La Maria paz odia a su jefe; La Diana resiste como puede; La Marce no lo pasa bien; Andrés disfruta del espacio y la libertad; Daniel adora su trabajo y su horario; La Pepa está muy bien evaluada; La Silvia cuenta los días para irse; La Gianina sigue tensa incluso cuando sale del trabajo; Alfredo encajó bien en el equipo; Diego no se halla en deporte. La Karen está de vacaciones; La Meli espera que le pidan que se quede. Simplemente dulce y agraz.
La cosa es que más o menos contentos, el ánimo y las ansias de pasar un buen rato causaron su efecto. Bailamos exageradamente, apretados como sardinas, hasta quedar deshidratados. Para mí un accidentado merengue fue la última pieza antes que nos desalojaran a las 5 de la mañana. El saldo: un compendio de buenas vibras, una conversación profunda y necesaria, algunas escenas que murieron con la fiesta y que los protagonistas negaran cuando estén sobrios. Una bonita reunión.
Después de eso un grupo, que se fue reduciendo poco a poco, caminamos por la calida madrugada de Santiago. Cuando la conversación decaía, un tipo se lanzó sobre el cuello de Alfredo para quitarle su cadena. Por suerte, el ladrón estaba demasiado borracho como para hacer daño, excepto cortar la cadena, que al parecer tenía un valor sentimental importante. Seguimos el trayecto por Alameda hasta llegar al cerro Santa Lucia. Ahí nuevamente fuimos presas de los “malos”. Nada pasó, excepto que la paranoia nos consumía.
Antes de despedirnos, entre bromas y abrazos de fuerza y éxito, presenciamos la salida de los primeros buses del Transantiago a minutos de que el resistido proyecto se convirtiera en una molestosa realidad.
Yo, después de consultar a la monitora, termine paseando por Santiago en una micro gratuita que una hora y cuarenta y cinco minutos después, me dejó a muchas cuadras de mi casa.
Cuando llegué mi mamá estaba levantada. Lo primero que me dijo fue: “Y ¿cómo lo pasaste?... te acuerdas supongo”. Claro - le dije. Pero después te cuento ahora solo quiero dormir.
1 comentario:
AGUANTE ALDO!!!
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